Una oscura historia familiar detrás del homicidio de un vendedor ambulante

Martes 08 de setiembre 2020

Mario Santa Cruz, un vendedor ambulante de 23 años, fue ejecutado de tres balazos. Sus amigos apuntan a una venganza.

El tercer crimen del fin de semana, el número 131 en lo que va del año, fue el homicidio de un vendedor ambulante que se llamaba Mario Jesús Santa Cruz . Lo mataron de tres tiros desde un auto, posiblemente un Fiat Palio, pasadas las 23.40 del domingo. El muchacho tenía 23 años y a esa hora estaba en México al 700 bis, a pocas cuadras de donde vivía con su mujer, en el límite entre barrio Larrea y Empalme Graneros. Según contaron sus amigos cuando “Marito” fue atacado iba a los de su hermana a buscar pañales para su bebe de un año. Los familiares de Santa Cruz ignoran la causa de la muerte pero un amigo de la familia deslizó una hipótesis: “El padre de Marito parece que mató a alguien y se cobraron esa muerte con él, o por ahí le mandaron un mensaje a él por medio de su hijo”.

El chico se crió junto a su madre en un pasillo de un ex asentamiento en Juan B. Justo al 8700, de allí partieron hace unos años y en la zona aún viven familiares. “Era un chico bueno, nunca tuvo quilombos con nadie. Trabajaba como vendedor ambulante vendiendo plásticos, cajas, luncheras. Se ganaba la vida así. Se juntó hace un tiempo y tenía un bebé de un año, estaba muy contento. No sabemos qué pudo pasar”, comentó un familiar que aún vive en ese pasillo.

Emboscada

La noche del domingo alguien llamó a la policía y avisó que en la esquina de México y La República había un cuerpo tirado. Cuando llegó el personal médico del Sies constató que la víctima no tenía signos vitales. Además se comprobó que presentaba tres disparos en distintas partes del cuerpo: en cráneo, pierna derecha y abdomen. Más tarde los efectivos del gabinete criminalístico que analizaron la escena del crimen secuestraron tres vainas servidas calibre 380.

Los hechos, según la información preliminar, fueron iguales a tantos otros en forma de emboscada callejera. Mario caminaba por México cuando se le acercó un auto con al menos tres personas a bordo, posiblemente un Fiat Palio gris.

No se escucharon gritos de discusión previos sino sólo su nombre pronunciado por uno de sus matadores. La víctima intentó correr pero fue imposible: enseguida sonaron los tiros y los vecinos no se asombraron ya que son habituales en la zona. “Marito” cayó mal herido. El tiro en el cráneo fue el mortal y una hipótesis es que lo remataron en el piso.

En el sur

Lo primero con que se toparon los investigadores fue con la historia familiar de Mario Santa Cruz. Según trascendió, la familia del padre del joven es la que pudo haber tenido algún tipo de problemas con una banda de delincuentes afincada en zona sur, precisamente en el Barrio de la Carne.

La versión fue corroborada por amigos de Mario. “El no tiene nada que ver con nada, era un pibe que quería poner un negocio y trabajar. Terminó la primaria y no siguió estudiando. Se la rebuscaba vendiendo plásticos. Hasta que se casó vivió con la madre y dos hermanos en la zona de Aguilar y un pasaje que continúa la calle Donado”, contó un amigo mientras trazaba una hipótesis del motivo de la muerte de Mario.

Dicen que el padre de Mario, a quien hace mucho que no veía, estuvo implicado en la muerte de un hombre hace unos tres años atrás en la zona de Tablada o el barrio de la carne. Este hombre parece que vende falopa y la familia cayó en quilombos cuando fue la guerra entre los Funes y los Ungaro en la zona sur. Ahora le mandaron un mensaje o le cobraron esa muerte matando a Marito”, contó su amigo.

«Llamativo»

En tanto, a la familia de Mario le llamó la atención que el padre del muchacho se acercara a la escena del crimen, en México y La República, un rato después de que lo balearan. “Hace muchos años que Marito no veía a su padre y a sus tíos, pero se enteraron de la muerte y fueron al lugar, es muy llamativo”, dijo un allegado a la víctima.

   El fiscal que investiga el hecho, Alejandro Ferlazzo, ordenó a los efectivos de la Agencia de Investigación Criminal (AIC) que relevaran a probables testigos, aunque por la hora y las características de la zona no hallaron a nadie que haya visto algo. Lo que sí lograron secuestrar es una cámara de vigilancia privada que captó imágenes del ataque.