«Osvaldo arriesgó su vida y murió para salvar a sus nietos»

Sabado 03 octubre 2020

Fue como consecuencia de un incendio en su casa a raíz de un cortocircuito. Era muy querido en el barrio, donde ayer primó el dolor.

El fuego de un voraz incendio que se desató ayer a la madrugada en una austera vivienda de pasillo de avenida Sabín al 1200, en la zona norte, desató un drama familiar y una profunda tristeza entre los vecinos de Osvaldo Fabre, un hombre de 55 años que murió luego de salvarle la vida a sus dos nietos a quienes rescató de las llamas. “Esos nenes ahora tienen un ángel, que es su abuelo, que arriesgó su vida y murió por salvarlas”, dijo conmocionada una vecina tras conocerse la trágica noticia en el barrio.

La oscuridad de la madrugada en el angosto pasillo de tierra que se abre entre casas humildes de la zona de Sabín 1265, de repente se iluminó con las llamas ardientes de un incendio que se originó en una de las viviendas del lugar.

Eran las tres y media cuando, al parecer, según relevamientos preliminares, un cortocircuito en el televisor de la habitación en la que dormían en planta alta los hermanitos Valentina F., de 12 años, y Maximiliano F., de 9 años, originó chispazos y todo ardió en minutos.

En la planta baja descansaban en su habitación los abuelos de los niños. Gladys Ledesma, de 50 años, y su esposo, Osvaldo Fabre, de 55 años. También estaba Damián, uno de los tres hijos del matrimonio, y tío de los niños.

“Estaba durmiendo en el comedor, cuando en momento escucho que mi sobrina grita, pide ayuda. Le avisé a mi papá, él subió y agarró a los chicos en los brazos y los sacó en medio de las llamas, ardió todo rapidísimo”, narró Damián a La Capital, mientas miraba la casa derruida.

Al tiempo que los cables de energía ardían y la casa era consumida por las llamas, una vecina vio y escuchó que una niña se asomada por la ventada y pedía auxilio: “Abu, abu, ayudame”, suplicaba encerrada por las llamas. En un minuto, los hermanos fueron puestos a salvo por su abuelo.

En tanto, Gladys y Damián pudieron salir por sus propios medios y no sufrieron heridas. Como la ambulancia no llegaba, un vecino llevó en su auto a los hermanitos al Hospital de Niños Víctor J. Vilela, donde permanecen internados en observación.

Celina Mutti Lovera/La Capital

Osvaldo se quedó un rato más tratando de apagar el fuego. “Tenía quemaduras en el pecho y los brazos. Iba y venía por el pasillo preocupado. Pero decía que lo material era lo de menos, y valoraba la vida”, contó Vanesa, una vecina shockeada por el fatal accidente.

Los bomberos llegaron, pero no pudieron arrojar agua por el riesgo que significaba el tendido eléctrico. Recién desplegaron las mangueras después de que una cuadrilla de la Empresa Provincial de la Energía (EPE) cortara el suministro.

El abuelo de los chicos, un hombre de trabajo, vecino de toda la vida y muy querido en el barrio por su solidaridad y gestos de ayuda, tenía las marcas en el cuerpo después de arriesgar su vida.

La angustia por la situación y algunos problemas de presión arterial hicieron lo suyo: tras el hecho, de golpe, se descompensó. Lo trasladaron de urgencia al Hospital de Emergencia Clemente Alvarez (Heca) y, a media mañana, se informó que había fallecido por complicaciones en las vías respiratorias devenidas del incendio.

La noticia atravesó la ciudad y llegó rápido al barrio. Ayer al mediodía, mujeres, jóvenes y hombres de manos ajadas y rostros duros no podían contener las lágrimas mientras iban y venían con carretillas repletas de restos de la casa de su amigo: escombros, tirantes, cables y chapas chamuscadas, y maderas de muebles que arrojaban en la calle.

La muerte de Osvaldo generó muchísima tristeza porque era un buen vecino, todos lo conocían porque se crió en el lugar, formó su familia y allí levantó su casa prácticamente de cero, la misma que ahora quedó casi inhabitable por completo. Era albañil y gasista, y, cuando podía, daba trabajo a quien lo necesitara.

Mientras digería el momento, su hijo Damián lo describió como un hombre íntegro: “Era un tipazo, compañero, buen padre y no mezquinaba nada. Todos los vecinos lo querían. Yo trabajaba con él en las obras, y siempre repartía laburo; era muy generoso y solidario”.

Vanesa, la vecina que miraba pasmada la casa renegrida y en ruinas por el incendio, pensó en voz alta: “Los nenes tienen un ángel aparte, y es su abuelo. Porque él las sacó de la habitación entre el fuego. Entregó su vida para salvar la de ellos”.

Lo que cosechó Osvaldo y su familia entre la gente del barrio se vio reflejado ayer en los gestos de un puñado de vecinos que se arremolinaron para dar una mano a la familia damnificada.

El fuego consumió todo y tardará en apagarse el olor a quemado que invadió el lugar. Solo quedó el esqueleto de la casa con la planta alta demolida, los marcos de las puertas retorcidos, revoque endeble, el elástico de una cama de caño y algunos pocos utensilios de cocina. Lo que sí va a perdurar es el recuerdo de Osvaldo, un vecino apreciado.