Soledad: «Vivía a un ritmo muy acelerado y el cuerpo me dijo basta»

Domingo 04 octubre 2020

En una charla abierta y franca, la cantante habló de su nuevo disco, de la crisis de los 40 y de cómo pudo superar los problemas de salud que atravesó el año pasado

En medio de la vorágine que significa la presentación de un nuevo discoSoledad Pastorutti suena tranquila y relajada. Habla por teléfono con Escenario desde su casa en Arequito, su lugar en el mundo, mientras uno la imagina tomando unos mates, esta vez no compartidos. En este 2020 atravesado por la pandemia del Covid, y el sinfín de dificultades que esto conlleva, la cantante decidió anclarse en el presente y enfrentar las adversidades: acaba de editar “Parte de mí”, el álbum en el que viene trabajando desde hace tres años, y el próximo 12 de octubre lo mostrará en vivo en un gran show por streaming, justo el día de su cumpleaños número 40.

“Este disco me costó sangre, sudor y lágrimas”, dice la Sole entre risas. Y no es sólo una metáfora. Su primer álbum en cuatro años vio la luz después de un largo proceso que abarcó la colaboración de varios productores y compositores (Carlos Vives, Claudia Brant) y artistas invitados como Los Auténticos Decadentes y la española India Martínez. También llega en un momento especial de su vida, cerca de cumplir 40 años y después de un 2019 difícil. En una charla abierta y franca, Soledad habló de sus inseguridades, de su nivel de autoexigencia y de los problemas de salud que sufrió el año pasado. “Yo siempre me creí una gringa fuerte que podía con todo, y me di cuenta de que no era así”, afirmó.

—“Parte de mí” te llevó tres años de trabajo, y dijiste que te costó mucho más que otros discos. ¿Por qué considerás que fue así?

—Porque sale después de un disco como “20 años” (de 2016, grabado en vivo en Cosquín), que fue una gran producción en CD y DVD y un resumen de mi carrera. Es difícil hacer algo después de eso. Yo me pregunté ¿y ahora qué? Yo no puedo quedarme quieta, y tampoco me conformo con mantenerme en un lugar, más allá de que ese lugar esté bueno y sea aceptado por mucha gente. Entonces emprendí un camino para buscar un sonido y una personalidad. Desde hace mucho tiempo lo vengo buscando. No es fácil para mí encontrar el sonido de Soledad, y que nadie se empiece a preguntar si es folclore o si es pop. No sé si le pasa a otros artistas, pero a mí siempre me preguntan qué estilo estoy haciendo. Yo empecé a los 14 años, y ningún artista está totalmente desarrollado a esa edad. Acá tenía muchas canciones propias, pero tenía miedo a mostrarlas, necesitaba una voz autorizada que me diera el visto bueno. Y también tuve que reencontrarme con la personalidad que tenía en aquellos primeros años, cuando me subía a cualquier escenario y no le tenía miedo a nadie.

—¿Esa voz autorizada fue Carlos Vives? ¿Cuál fue su papel en la producción del disco?

—Sí. Yo tenía un puñado de canciones escritas, algunas incluso que no están en este disco, pero necesitaba un socio que pudiera ponerle el carácter musical a esos temas y que respetase mi esencia. Y en él encontré a un socio, un tipo que me dijo “che, esto podría sonar así”. El conservó el sonido del acordeón, algo fundamental en lo que nos pusimos de acuerdo, y también conservó mi percusión. Yo le dije: “Yo no quiero irme de Argentina, musicalmente hablando, pero sí quiero que a estas canciones las puedan apreciar en otras partes del mundo. Creo que vos lo lograste con el vallenato y creo que es posible hacerlo con el folclore argentino”. En primer lugar él me propuso que le mandara alguna canción que me gustara mucho para que él la produzca, para ver si me conformaba el resultado. Entonces le mandé “A la abuela Emilia”, de Teresa Parodi, que es un chamamé, y él hizo esa maravilla que está en el disco. Yo nunca hubiera pensado la canción de esa manera. Me abrió la cabeza.

Soledad: Vivía a un ritmo muy acelerado y el cuerpo me dijo basta

—La canción “Sigo siendo yo” la grabaste un montón de veces hasta que quedaste conforme con el resultado. ¿Siempre tuviste ese nivel de exigencia?

—Sí, lo que pasa es que antes no tenía el tiempo para ese nivel de exigencia. Había tantos compromisos que la exigencia pasaba por cumplir esos compromisos. Pero la verdad es que siempre fui muy exigente, y por eso a veces me sufro tanto. Soy la crítica más acérrima que tengo (risas). Busco la perfección, que es casi imposible, pero trato que el resultado esté cerca de lo que soñé y siento. Y cuando sueño algo lo sueño complicado (risas).

—Este año, con el parate de las giras, uno siente que los músicos pudieron pensar más en las canciones y en lo que querían hacer en los estudios.

—Es cierto, y a mí además me ayudó haber tomado la decisión, dos años atrás, de instalar un estudio al lado de mi casa y que el técnico sea de acá, de mi pueblo. Le dije al técnico: “Yo te pago los estudios pero vos vení” (risas). Mi familia no proviene del ambiente musical, y ese tipo de cambios fueron muy lentos y paulatinos. Las herramientas para hacer mi trabajo como yo quiero no las tuve 20 años atrás. A mi entorno le costó entender que yo necesitaba mi propio estudio. Te digo que tuve que tirar del carro para que me escucharan (risas). Antes tenía que ir a Buenos Aires para grabar: salía de acá a las cinco de la mañana, con la presión de tener que sacar bien el tema ese día, y después me volvía en el mismo día porque soy mamá culposa (risas). Ahora grabo cuando tengo ganas, y en este contexto de la pandemia me vino bárbaro, porque no necesito moverme de mi casa.

—En la conferencia por Zoom antes de la salida del disco comentaste que “el 2019 fue muy duro” y que tuviste problemas en la voz. ¿Qué pasó y cómo lo superaste?

—Yo venía viviendo a un ritmo muy acelerado y el cuerpo empezó a decirme basta. Primero me quebré el pie corriendo, y jamás me había quebrado en mi vida. También tuve que cambiar la alimentación, porque descubrieron que soy intolerante al gluten, y eso estaba afectando mi voz. Me esforzaba de sobremanera cuando hablaba y cuando cantaba, y así se me generó una especie de quiste en las cuerdas vocales. A su vez tenía trabajo con el que cumplir, entonces hubo que ajustar la máquina mientras estaba volando, como me decían los médicos. Fue complejo, y me deprimió bastante, porque para una cantante, que te sea difícil cantar, es complicado. Ahí tuve que dar unos pasos para atrás y armamos un plan de trabajo con clases de canto, fonoaudiología, kinesiólogos y psicólogos. Hice todo lo que me dijeron, soy una alumna muy prolija (risas). Yo siempre me creí una gringa fuerte que podía con todo, y me di cuenta de que no era así, pero fue un largo proceso (risas). Gracias a Dios me encontré con los mejores profesionales y no llegaron a operarme. Yo soy una cantante de alto rendimiento, canto muchas noches seguidas en los festivales, pero entendí que tenía que cuidarme y empezar a vivir de otra manera.

—Seguramente había cuestiones internas que resolver también…

—Sí, eso de poder con todo, de la autoexigencia. En mi análisis personal esto tiene que ver con la relación con mi viejo, que estuvo siempre guiándome los primeros años. El elegía mi repertorio. Yo fui su socia emocional. Cuando yo intenté volar sola, o tuve que hacerme cargo de mis propias decisiones, no fue nada fácil. En el medio de ese trayecto hice lo que pude, y después, cuando puede analizarlo, me hice muchas preguntas: ¿Qué quiero? ¿Qué no quiero? ¿Por qué no logro algunas cosas? Y me hice cargo de que la responsabilidad es mía, y que si quiero hacer algo interesante tengo que prepararme para eso.

—Estás por cumplir 40, y los números redondos son casi siempre un momento de replanteos. ¿Cómo lo estás atravesando?

—Cumplir 40 no es fácil, menos para una mujer (risas). Igual yo creo que llego rebien a los 40, me siento muy activa. Pero detrás de este “estar bien” también hay mucho esfuerzo. Yo nunca hablé de todo el esfuerzo que me cuesta: me levanto a las siete y media de la mañana, voy al gimnasio dos veces por semana, hago stretching tres veces por semana… La gente que me rodea dice que trabajo mucho más que ellos. Mi marido un día se enojó y me dijo: “Yo no te puedo seguir el ritmo” (risas). Soy un poco insoportable, lo sé, pero no jodo a nadie, eh (risas). Ser activa me da vida: a más actividad más alegre me siento, más constante, con más energía. Físicamente me siento bien, aunque obvio que no tengo el mismo aguante de antes. Ahora, en una semana, cada tanto necesito una siestita. Y un día necesito desenchufarme y no darle bola al celular ni a nada. Antes eso no pasaba. El alcohol tampoco me cae de la misma manera que antes (risas). Pero estoy contenta. Tengo la familia que quiero, unas hijas hermosas y un marido (¿la palabra marido suena antigua?, pregunta), un tipo al lado que me banca, que me ama y lo amo. Hemos pasado cosas lindas y no tan lindas y estamos ahí. Desde lo artístico siento que mi gran desafío era este disco, y ahora que ya salió me siento como liberada. Lo necesitaba para este momento de mi vida.

—Los cambios que hubo en la sociedad en los últimos años, el empoderamiento de las mujeres, la lucha por ampliar derechos, por tener más espacio. ¿Te movilizaron personalmente? ¿Te llevaron a replantearte cosas de tu propia vida?

—A todos y todas nos movilizan los cambios de la sociedad, es algo que nos trasciende. Yo siempre me sentí una mujer empoderada y libre, pero también vengo arrastrando estructuras de un contexto, de una forma de crianza. De cómo se crió mi mamá a cómo me crié yo hay una abismo, y de cómo me crié yo a cómo se están criando mis hijas hay otro. Yo trato de aprender con mis hijas, de no repetir algunas cosas, pero estoy agradecida por el lugar que mi familia y la gente me dio como mujer. A pesar de haber nacido como artista en un género que se supone muy machista, nunca sentí que por mi condición de mujer no se me haya dado el lugar en el medio. Quizás el prejuicio venía más de mí que del medio en sí. El cambio verdadero está en cada una de nosotras. Y esta sororidad de la que hablamos se da cuando realmente empatizamos con la otra, y no cuando repetimos como loritos algo que viene dictado desde el afuera. Ser políticamente correcto es la más fácil, porque a veces es sólo un posteo en una red social, pero yo trato de ser coherente y de aprender todos los días.

«Los productores me ayudaron y también valoraron mi trabajo»

Por la lista de invitados, los productores y compositores, y la variedad de estilos, “Parte de mí” es el disco más internacional que ha editado Soledad. También es el más personal, ya que ella figura como coautora de 12 de las 14 canciones. El álbum se registró en estudios de Argentina, Colombia, España, Brasil y EEUU, y algunos duetos se grabaron a distancia debido a la pandemia. Entre los invitados están la cantante puertorriqueña Kany García (que suma su voz en “Quién dijo”, el nuevo corte), la brasileña Paula Fernándes, la española India Martínez y los Auténticos Decadentes, que aparecen en el festivo cierre del disco.

Soledad: Vivía a un ritmo muy acelerado y el cuerpo me dijo basta

La lista de productores y compositores que participaron es impresionante: Carlos Vives (que no necesita presentación), la compositora argentina radicada en Los Angeles Claudia Brant (que escribió canciones para Carlos Santana, Barbra Streisand y Ricky Martin, entre muchos otros), el premiado productor Cheche Alara (que trabajó con Lady Gaga, Natalia Lafourcade y Thalía) y Juan Blas Caballero (que ha colaborado con Alejandro Lerner, Julieta Venegas y Vicentico).

“Los productores me ayudaron y también valoraron mi trabajo”, dijo Soledad a Escenario. Juan Blas Caballero me hacía las sugerencias con mucho pudor, y yo le decía: «Juan, no hay problema, a mí me encanta que me hagas correcciones»”, recordó. De las 14 canciones de “Parte de mí” ya se presentaron como singles “La gringa”, “Aunque me digas que no”, “Tal como siento” y “La Valeria”, que ya superan 10 millones de reproducciones en YouTube.

En vivo desde el Movistar Arena

El próximo 12 de octubre, justo el día de su cumpleaños número 40, Soledad va a presentar su nuevo disco con un show vía streaming desde el Movistar Arena de Buenos Aires. “Más allá de la pandemia, yo creo que esta forma de hacer shows (online) llegó para quedarse”, dijo la cantante. “Y en algún aspecto está bueno, porque con un solo recital podés llegar a todo el mundo, a cualquier país”, remarcó. Además aseguró que “los desafíos” le gustan, aunque si le dieran a elegir preferiría tener las dos modalidades, el streaming y el vivo con el estadio lleno, dijo entre risas. “La desventaja del streaming es un poco la frialdad, la falta del aplauso, pero la ventaja es poder presentar 14 temas nuevos, uno detrás de otro, sin la presión de intercalar los hits ya instalados. Eso te da más libertad”, aseguró.