V de Venganza: cómo el hampa se cobra con homicidios el honor mancillado

Sabado 03 octubre 2020

El asesinato de Claudio «Pájaro» Cantero, en mayo de 2013, expuso la venganza como una herramienta ejemplificadora en las calles de Rosario

La palabra «venganza» comenzó a fluir nuevamente en las crónicas policiales rosarinas. La última semana, en menos de 72 horas, tres familiares de Facundo «Macaco» Muñoz, uno de los tres absueltos por el homicidio de Claudio «Pájaro» Cantero, fueron atacados balazos en los barrios Pueblo Nuevo y Talleres de Villa Gobernador Gálvez. El lunes a la noche fue asesinado Lucas Martín Mársico, primo de «Macaco». Al día siguiente fue baleado en una encerrona a plena luz del día «Cocucha», tío de Muñoz. Y el miércoles fue el turno de «Machadito», hermano de Cocucha, quien recibió un balazo en un brazo. Esta misma semana a la viuda de Carlos “Jerry” Gaeta le dejaron dos amenazas en su casa de Savio al 2500, lugar donde fue ejecutado el sindicado narco el pasado 4 de agosto. En una mencionaban a todos los hijos de “Jerry”. En la otra, dejaron una botella plástica con tres balas envuelta en un papel con la palabra «muerte» escrita en rojo. Y para que no quedaran dudas en la botella escribieron «No se salva nadie». Todo eso en una casa que tiene un móvil policial de custodia fija para proteger a la viuda y los hijos de Jerry.

La venganza existe desde que el mundo es mundo. No es un hecho novedoso en si mismo. Es un acto primitivo en el que se secuestra el ideal de justicia y se lo manipula para satisfacer una sensación de reparación. La venganza es una compensación que deja un mensaje ejemplificador. Tres mil años atrás, en la Antigua Mesopotamia (Babilonia), el Código de Hammurabi institucionalizó la «Ley del Talión», resumida en la idea de “ojo por ojo, diente por diente”.

La decodificación rosarina de la venganza, armada y violenta, tampoco es novedosa. Pero su transformación de una espiral de violencia irracional tiene una fecha como mojón de referencia: el domingo 26 de mayo de 2013, día en que fue ejecutado el Pájaro Cantero. Desde entonces todos los que fueron mencionados como participantes del magnicidio del hampa local sintieron el rigor de la muerte sobre la espalda de sus familias.

Imágenes del pasado reciente. El 28 de mayo de 2013 fue emboscado

La guerra del Pollo. En ese esquema de violencia desatada y desenfrenada Luis Orlando “Pollo” Bassi, barra de Newell’s y sindicado narco de Villa Gobernador Gálvez, fue de las personas que más sufrió el rigor. Más allá de que Bassi fue absuelto junto a Milton Damario y “Macaco” Muñoz por el crimen de Cantero, la contraparte entiende que fue el instigador del asesinato del entonces líder de la banda de Los Monos. En la espiral de venganza sufrió, entre diciembre de 2013 y octubre de 2014, los asesinatos de Maximiliano y Leonardo, sus hermanos, y de Luis, su padre. Y en marzo de 2019 se sumó el crimen de su suegro, el ex policía Eduardo Cisneros, de 70 años. Junto a él también fue ejecutada Gloria Elba Larrea, de 56 años y pareja del hombre.

Siempre pensando en aquel banquillo de los acusados, a Damario le mataron a balazos a su padre, Miguel Angel, el 14 de diciembre de 2014. Lucas Zalazar, hermano de Claudio «Polo» Zalazar y Osvaldo «Popito» Zalazar, sindicados como lugartenientes del Pollo Bassi, fue ejecutado a balazos el 22 de marzo de 2019.

Macaco Muñoz sufrió la ola de venganza en abril de 2015 cuando Rubén, su padre, fue asesinado a balazos. Pero en el hampa, como en la vida, todo puede empeorar. Y fue esta semana. El lunes a la noche en Cervantes al 200 de Pueblo Nuevo fue asesinado Lucas Mársico, su primo. Menos de 24 horas más tarde el apodado Cocucha, barra de Newell’s y tío de Macaco y Mársico, fue emboscado en Maipú y pasaje Baigorria, en el barrio Talleres de Villa Gobernador Gálvez. No resultó herido porque repelió la agresión. El miércoles fue tiempo de Machadito, hermano del anterior, quien fue baleado en un brazo en una pescadería ubicada sobre calle Santiago del Estero.

Claro está que los blancos de las venganzas también pueden fallar, aunque esos errores se traduzcan en muerte. El claro ejemplo es el de Milton César, pesado del hampa de barrio Tablada que en las primeras 24 horas que siguieron al crimen del Pájaro Cantero fue víctima de su cartel. En la calle se dijo que al líder de Los Monos lo había matado «Milton, de Tablada». Entonces la banda entendió que ese tal Milton era César cuando en realidad era Damario. La tarde del 28 de mayo de 2013, dos días después del crimen del Pájaro, una camioneta Nissan color negra fue emboscada en Francia y Acevedo y sometida a ráfagas calibre 9 milímetros. En el auto viajaban seis personas, entre ellos Nahuel y Norma César, hermano y madre de Milton. Nahuel murió en el lugar. Norma murió seis meses más tarde. Milton César nada tuvo que ver en el crimen del Pájaro.

Esta semana la familia de Carlos Jerry Gaeta recibió dos amenazas de muerte. La última

Los Funes. Otra familia que sufrió címenes de vengnza son los Funes, quien junto a René «El Brujo» Ungaro protagonizó la penúltima guerra callejera enfrentando a las huestes de Alexis Caminos y Ariel «Tuby» Segovia. Esta pelea sangrienta acumuló una treintena de homicidios y un sinnúmero de heridos de balas en poco mas de dos años. La familia que tiene encarcelados a los hermanos Lautaro y Alan Funes sufrieron el asesinato de Mariela Griselda Miranda (madre de Alan y pareja de Jorge Funes) y de los hermanos Ulises (7 de enero de 2018) y Jonathan «Bam Bam» (5 de febrero de 2018). El crimen de Miranda fue el detonante de la guerra que tuvo como geografía fundamental el barrio Tablada y los monoblocks ubicados a los costados de avenida Grandoli. Por añadidura Jorgelina Andrea “Chipi” Selerpe, pareja de Alan Funes, padeció el asesinato de su tío, Jorge «Negro» Selerpe. Del otro lado del campo de batalla Tuby sufrió la ejecución de su hermana (Marcela Díaz, el 14 de enero de 2018). Y finalmente el mismo Tuby fue asesinado en la cárcel de Coronda el 24 de abril de 2018 víctima de una traición de su antiguos compinches.

Por fuera de las batallas callejeras también hubo víctimas cuyos familiares fueron asesinados pero no tenían ningún peso específico en las peleas por el control territorial. Una de ellas fue Norma Bustos, madre de Lucas Espina, ejecutado a balazos por los hermanos Milton y José Damario el 27 de enero de 2013 en el barrio La Bajada. «A mí no me importa que me maten, si yo ya lo perdí todo. Me mataron a mi hijo, se murió mi marido, ¿qué más me pueden sacar? Yo estoy vacía. Pero quiero que los que mataron a mi hijo se pudran en la cárcel. Si el infierno existe, yo vivo en el infierno desde que me mataron a mi hijo», solía decir Norma. Y la mataron el 20 de noviembre de 2014 en el modesto quiosco con el que se ganaba la vida en Pavón al 4600.

El otro ejemplo es el del ex concejal y pastor evangélico Eduardo Trasante, a quien primero le mataron dos de sus hijos: Jeremías (el 1º de enero de 2012 en el Triple Crimen de la Villa Moreno) y Jairo (el 3 de febrero de 2014). Finalmente lo ejecutaron a él dentro de su casa de San Nicolás al 3600 el pasado 14 de julio.

Bustos y Trasante tuvieron en común, además del peregrinar en la búsqueda de justicia por sus hijos, que nunca temieron a sus verdugos. Como un mensaje a manera de síntesis ambos crímenes siguen impunes hasta el momento.

La venganza es una bola de nieve que puede colocar a víctimas en victimarios. O viceversa. Uno de los pesos pesados de la zona norte, el “Gordo Brian” González, condenado en 2017 a 16 años de prisión por el crimen de Analía Rivero (ocurrido el 2 de noviembre de 2014 en la puerta del boliche Stone de Capitán Bermúdez) también padeció la muerte por homicidio de dos de sus hermanos: Kevin Ezequiel Toloza (el 3 de abril de 2013) y Mauro Ezequiel González (el 20 de abril de 2018), ambos en Empalme Graneros.

Y en esa misma geografía se dió, quizás, el último gran acto de venganza de alta conmoción pública. El 15 de febrero pasado, alrededor de las 20.30, Christopher Nahuel “Buho” Albornoz, hijo del sindicado narco «Caracú» Albornoz; su pareja, Florencia Naomí Corvalán; y la hija de un año de ambos, Chelsi Albornoz, fueron emboscados y acribillados a balazos cuando circulaban en moto por Génova y Cabal. A la nena la balearon cuando estaba sobre el pavimento.