Zarazaga: «El dolor que nos causa la pobreza debe dar la respuesta de qué país queremos»

Miercoles 14 octubre 2020

El referente de la ONG Seamos Uno destacó: «Nos pusimos a pensar en esas familias que iban a ver a sus hijos con hambre, y eso nos asustó mucho, y rápidamente la gente de IDEA recogió el guante».

El presidente del Centro de Investigación y Acción Social (CIAS) y referente de la ONG Seamos Uno, el sacerdote jesuita Rodrigo Zarazaga, dijo que «el dolor» que causa la pobreza es lo que «tiene que llevar a la respuesta de qué país» se quiere ser, al participar del 56toColoquio Anual del Instituto para el Desarrollo Empresarial de la Argentina (IDEA).

«Nos tenemos que dejar cuestionar fundamentalmente por esa desigualdad, que es el dolor que nos tiene que causar esa pobreza para llevarnos a la respuesta de qué país queremos ser», afirmó Zarazaga esta mañana durante un panel en el que se describió la acción de la ONG durante el aislamiento social por coronavirus.

Sobre la idea de Seamos Uno, el sacerdote explicó que hubo «un camino que partió con mi participación en el coloquio de IDEA de 2016, y que se conecta con lo que empezamos a vivir desde marzo pasado con la pandemia, y de cómo iba a pegar en la gran pobreza estructural que ya arrastrábamos en el país».

«El norte que teníamos, de hacer algo para que no pasen hambre niños y niñas, acomodó el trabajo de todos los sectores, entre las distintas Iglesias, en sector público, en el privado»RODRIGO ZARAZAGA
Al exponer junto a los empresarios Gastón Remy e Inés Cura, ambos referentes también de Seamos Uno, Zarazaga destacó que «nos pusimos a pensar en esas familias que iban a ver a sus hijos con hambre, y eso nos asustó mucho, y rápidamente la gente de IDEA recogió el guante».

En esa línea, contó que se pensó en «un compromiso de entregar un millón de cajas con alimentos y productos de higiene, que significaron algo así como 60 millones de raciones, un delirio, tal vez, pero que se logró cumplir».

«Fue un sueño que funcionó como un auto emboscada, porque una vez que lo dijimos, terminó por ser una pasión contagiosa», resaltó el sacerdote jesuita, y subrayó que «hubo la premisa de que fuera un proyecto amplio, con participaciones tan diversas».

«Los empresarios recogieron el guante ante la desigualdad y la realidad de la pobreza, con una competencia sana entre nosotros en la búsqueda de las donaciones»RODRIGO ZARAZAGA
En ese sentido, enumeró que participaron «empresas que compiten, iglesias que en el territorio a veces tenemos tensiones, jesuitas, pastores evangélicos, bancos de alimentos, todos deponiendo egos para cumplir ese objetivo que parecía tan ambicioso».

En ese marco, puntualizó que «el norte que teníamos, de hacer algo para que no pasen hambre niños y niñas, acomodó el trabajo de todos los sectores, entre las distintas Iglesias, en sector público, en el privado».

Zarazaga aseveró que «durante casi seis meses repartimos 500.000 raciones por día, y la actitud de los donantes permitió que saliera una caja cada 5 segundos» a distintos barrios populares de conurbano y de la ciudad de Buenos Aires, «con 5000 voluntarios, un conjunto de héroes y heroínas, en cada barrio, en cada centro comunitario».

«Si pusiéramos todos los platos de comida que se entregaron, uno al lado del otro, significarían tres veces ida y vuelta la distancia entre Ushuaia y La Quiaca»RODRIGO ZARAZAGA
Puso como ejemplo para dimensionar la ayuda que brindó Seamos Uno que «si pusiéramos todos los platos de comida que se entregaron, uno al lado del otro, significarían tres veces ida y vuelta la distancia entre Ushuaia y La Quiaca, o 750 viajes de un avión Hércules lleno de comida».

Luego, Zarazaga, doctor en Ciencias Políticas y licenciado en Filosofía y Teología, reconoció que «los empresarios recogieron el guante ante la desigualdad y la realidad de la pobreza, con una competencia sana entre nosotros en la búsqueda de las donaciones» y fue gráfico al relatar que «festejamos cada donación como si fuera un gol de la Selección».