Narco cercano a Los Monos, acusado de ordenar matar al novio de su ex para hacerla sufrir

Viernes 20 noviembre2020

Carlos Damián «Toro» Escobar, preso en Ezeiza, quedó imputado como autor intelectual del homicidio de David Amarilla, baleado en mayo de 2019. Le imputaron una figura que prevé prisión perpetua

Participó de una escandalosa extorsión en Jefatura, fue condenado por homicidio, lo acusaron de comandar desde la cárcel un grupo narco cercano a Los Monos, sufrió graves quemaduras al prenderse fuego su celda en Coronda y apareció en escuchas como uno de los organizadores del ataque a tiros al Casino City Center donde murió un apostador en enero. Damián “Toro” Escobar, preso en la cárcel federal de Ezeiza, sumó a esa larga lista una nueva imputación por ordenar el crimen de un albañil que salía con su ex novia, ejecutado en mayo de 2019 en la puerta de su casa de barrio Tablada.

En una audiencia del miércoles al atardecer la fiscal Marisol Fabbro imputó a Escobar como autor intelectual de “un homicidio calificado por venganza transversal”, es decir, por tener el propósito de hacer sufrir a otra persona con la que mantuvo una relación de pareja. Es una figura que se incorporó al artículo 80 del Código Penal en 2012, de inédito uso en Rosario. Se la conoce como también como “homicidio oblicuo” y prevé prisión perpetua. El juez Florentino Malaponte dictó la prisión preventiva sin plazo del mecánico de 33 años, que si bien está preso por otras causas también lo estará por este crimen.

“Lo vinieron a buscar”, dijo a este diario un primo de David Amarilla cuando lo velaban en la casa de sus padres, de Ameghino y Necochea. A esa vivienda sencilla con puerta de chapa y tapial al frente que da a un patio interno lo habían ido a buscar la noche del 23 de mayo de 2019. A las 21.40 un muchacho golpeó la puerta y preguntó por David, un albañil de 22 años padre de dos hijos. Su madre le avisó que lo buscaban y apenas asomó lo mataron con tres balazos al pecho y al mentón. “No tenía problemas con nadie”, repetían sus vecinos.

La investigación a cargo de Fabbro dio con el testimonio de una amiga de la novia de Amarilla. Ella contó que la chica había estado en pareja con el preso Escobar, “apodado Toro o Torito”. A partir del resultado de intervenciones telefónicas fue acusado de ordenar el crimen a autores desconocidos desde su celda en la cárcel de Piñero. Según la mecánica que describió la fiscal en la audiencia, los atacantes llegaron en una moto Honda Tornado blanca. Uno bajó con una pistola 9 milímetros, mató a Amarilla, volvió a la moto y se despidió con dos tiros al aire.

El joven albañil de 22 años murió tras ser trasladado por sus familiares al Hospital Provincial. Para la fiscal, el crimen fue ordenado por Escobar “con el propósito de causar sufrimiento a una mujer con la que ha mantenido una relación de pareja”. En el celular de la víctima se acreditó en fotos y textos la relación de la chica con Amarilla. Cuando la policía fue a entrevistarla, dos meses después del crimen, fue reticente. Cumplía prisión domiciliaria en la casa de su madre a raíz de una causa federal ligada a Escobar. La citaron a declarar por el crimen pero dijo tener miedo a represalias de su ex.

Más adelante, en entrevistas con apoyo psicológico, se determinó que la joven había conocido por chat a Escobar cuando ya estaba preso. Por entonces ella vivía con su papá y su hija en la villa Pororó. Comenzó a visitar a Toro los sábados y a recibir de él asistencia económica, el alquiler de una casa fuera de la villa, una asignación regular de dinero y un auto. Pero, agobiada por una relación que se volvió enfermiza y controladora _con personas que la vigilaban y videollamadas a toda hora_ al tiempo comenzó a salir con Amarilla.

“Ella sabe que Damián mató a David. Lo ha visto hacer cosas malas pero nunca lo creyó capaz de tanto”, señala uno de los testimonios que leyó la fiscal en la audiencia. Las evidencias más fuertes surgieron de los teléfonos. En un mensaje enviado por la joven a la madre de Escobar le dice: “Ya está amenazando otra vez tu hijo cuando yo no le digo nada ni lo molesto. Está enfermo conmigo. Mi hija me necesita y no quiero que le pase nada a mi familia. Tengo mucho miedo, ya lo conozco, no le importa nada. Por el amor de Dios hacé algo”, rogaba poco después del asesinato.

En audios enviados por Escobar o llamados desde la cárcel, en tanto, éste se refiere despectivamente al albañil asesinado como “Fratacho”. Incluso asume el crimen: “Al Fratacho te lo mandé para arriba. Un pobre albañil, un pobre croto”. En otro llamado, ella lo increpa diciendo “te creés Pablo Escobar”, el narco colombiano con el que Toro comparte apellido. El responde: “No, no me creo Pablo Escobar pero no estoy muy lejos porque lo que quiero hacer lo hago en dos minutos”.

“Me gorreabas con el albañil, el del fratacho. Andá a llevarle una flor al cementerio. Mandale saludos al amor de tu vida”, insiste Toro en las escuchas, y amenaza: “Te lo juro que te veo en la calle y te pongo las piernas de sombrero, a esta me las vas a pagar, me la estás pagando en vida. Adonde te enganche te hago volar una pata, te dejo renga”. Su ex novia recibió amenazas de muerte y el domicilio donde reside en la zona sur fue baleado el 1° de octubre de 2019. En un portón se encontró un cartel que decía “por patabolsa”.

Escobar es un hombre cercano a Los Monos y considerado un preso de “alto perfil”. En 2013 fue condenado a 11 años y medio de prisión por el crimen de Sebastián Soperez, de 18 años, ocurrido en Villa Gobernador Gálvez. Siempre sostuvo que se le había escapado el disparo mientras manipulaba un arma de la víctima, a quien él trasladó hasta el hospital.

Dos meses antes, mientras gozaba de salidas laborales para trabajar en un taller mecánico, Escobar denunció una detención extorsiva por parte de dos policías en la Jefatura, quienes le exigieron 50 mil pesos para liberarlo. Para conseguir el dinero Escobar llamó a Milton Damario, en ese entonces buscado por el crimen de Claudio «Pájaro» Cantero, del cual finalmente fue absuelto. Toda la operación quedó registrada en escuchas.

A principios de junio de 2018, cinco personas fueron detenidas en Rosario, Pérez, Zavalla y en una celda de la cárcel de Piñero por integrar una organización narco comandada desde la cárcel de Piñero por Escobar, quien terminó procesado en esa causa federal.

Un mes después del crimen de Amarilla, en junio de 2019, Toro pidió un traslado a una cárcel federal alegando que su integridad física corría peligro. Dos días después sufrió quemaduras A y B en el 40 por ciento de su cuerpo _en especial en espalda, rostro y brazos_ al incendiarse la celda de aislamiento de la cárcel de Coronda a la que había sido trasladado una semana antes.

En enero, su nombre resonó en la audiencia donde Maximiliano “Cachete” Díaz _preso como extorsionador de Los Monos_ fue imputado como partícipe primario del gerente bancario Enrique Encino, baleado cuando fumaba en un patio del casino City Center. En intervenciones telefónicas se detectó que el ataque había sido ordenado por Ariel “Guille” Cantero desde la cárcel y que Toro Escobar coordinó el atentado con Cachete, a quien ofreció “un pibe” como mano de obra y “una motito”.