Alarma por la alta mortandad de ballenas francas en península Valdés

Lunes 07 febrero 2022

Se censaron 45 ejemplares muertos a lo largo de 2021. Doce eran hembras adultas y 25, crías. Se desconocen las causas

Un total de 45 ballenas aparecieron muertas en las costas de la península Valdés, en Chubut, a lo largo de 2021, reveló el Instituto de Conservación de Ballenas (ICB), que alertó sobre el elevado número de hembras adultas fallecidas. Es la cifra más alta desde 2003, cuando el ICB comenzó a realizar estos informes anuales. Y además han fallecido 13 adultos, de los cuales 12 son hembras. Esto produce un retraso en el proceso reproductivo de la especie. La muerte de hembras en lactancia produce el deceso de la cría huérfana. De las 45 encontradas sin vida, 25 eran crías nacidas esta temporada, 7 juveniles (nacidas el año anterior) y 13 adultos.

Para los investigadores que redactaron la nueva edición del “Programa de Monitoreo Sanitario Ballena Franca Austral”, el dato de mayor relevancia ha sido el número de adultos muertos (en su mayoría hembras) que fue el más alto en un año desde que se inició el monitoreo en 2003. La científica Marcela Uhart, codirectora del Programa, remarcó que “el dato llamativo es el alto número de ballenas adultas muertas, 13 ejemplares, de los cuales 12 son hembras”. El programa lleva registradas 855 ballenas muertas en península Valdés desde 2003, lo que permitió contar con una base de datos y de muestras recolectadas de gran relevancia para el estudio de la especie, en peligro de extinción pero en recuperación gracias a la protección que se le ha dado.

La cantidad de decesos puede tener relación con la presencia cada vez más creciente de ejemplares en la zona de influencia de península Valdés, sobre el extremo noreste del Chubut, es decir que aumentan los decesos frente a una población mayor. Pero la preocupación radica en que, al ser en su mayoría hembras las fallecidas, se está ante un fenómeno “poco habitual y atípico” que representa un gran desgaste porque la hembra necesita de años de desarrollo para llegar para ser adulta reproductora. “Además, la muerte de ballenas con cría en lactancia muy probablemente cause la muerte de la cría huérfana”, advierte la doctora Uhart.

En la publicación, los investigadores resaltan que los eventos con un número inusualmente alto de ballenas adultas muertas en un corto período y en una misma área, pueden ser indicadores de variables ambientales locales que contribuyen a la muerte de las ballenas. El otro dato llamativo es que “las ballenas adultas muertas en 2021 no presentaban evidencia de lesiones traumáticas ni ‘enmallamientos’ y se encontraban, durante su inspección, en aparente buen estado nutricional”, aseguró la veterinaria Agustina Donini, a cargo de los estudios post-mortem en el campo.

Las estadísticas se desprenden del Programa de Monitoreo Sanitario Ballena Franca Austral (PMSBFA) que se implementa desde 2003 estudia cada cadáver divisado en las costas de península Valdés y alrededores, a los que se les realiza la necropsia y se les extraen muestras biológicas para estudiar la salud de la especie. La información generada es clave para conocer el estado de la población y desarrollar políticas efectivas para su protección. “La finalidad es conocer las causas de mortalidad e identificar potenciales amenazas, tanto naturales como de origen humano” se explica desde el instituto para valorar la importancia del PMSBFA.

El Programa es un esfuerzo colaborativo desarrollado entre el Instituto de Conservación de Ballenas, Ocean Alliance, Wildlife Conservation Society, Fundación Patagonia Natural y las universidades de California, Davis, y Utah. Desde 2003, el programa lleva registradas 855 ballenas muertas en la península Valdés, lo que permitió contar con una base de datos y de muestras recolectadas de gran relevancia para el estudio de la especie.

Entre 2020 y 2021 se publicaron cinco artículos científicos a partir de muestras y datos colectados por el Programa y se aportó información relevante para el Plan de Manejo y Conservación de la ballena franca del Atlántico Sudoccidental (CBI). El codirector del Programa Mariano Sironi, sostiene que “gracias al trabajo sostenido de muchos voluntarios y colaboradores a lo largo de casi dos décadas, hemos aportado datos y hallazgos relevantes, como la ingesta de plásticos o el impacto de los ataques de gaviotas en la salud de las ballenas”. Los investigadores agradecen “el apoyo indispensable de una red de personas comprometidas como guardafaunas, pescadores, pobladores, prestadores turísticos, capitanes, guías de avistaje, operadores de buceo y turismo, navegantes, aviadores y tantos otros que cada año reportan la mayoría de los ejemplares varados”.